Recuerdos de mi infancia #3

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Mi hermanito y yo. Fotografía del albúm familiar.

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No sé que me pasa últimamente que me la paso recordando cosas de mi infancia y recordar mi infancia es recordar a mis abuelos. Hoy para desayunar mezclé un poquito de carne molida, que había quedado de ayer, con un par de huevos; la idea era rendirlo para rellenar arepas para cuatro personas. Mientras lo mezclaba pensé: «esto es un funchichechi en toda regla», mientras me dada un ataque de risa mezclado con nostalgia.

Un funchichechi, era cualquier mezcla extraña que preparaba el abuelo cuando yo era niña. El primer recuerdo que tengo del abuelo usando esa palabra, la usó para referirse a unos huevos revueltos con medio frasco de puré de tomate frito. Después de eso cualquier mezcla extraña o cualquier invento, era funchichechi; también toda receta fallida.

El abuelo Félix era muy dulcero y siempre tenia en casa galletas, chocolate, turrones… cualquier merienda dulce. Una merienda habitual que le gustaba preparar era una merengada que hacia en la licuadora mezclando leche, azúcar, galletas María y una copita de vino Sansón. Se puede decir que tuve una infancia, literalmente, muy dulce.

Si en casa siempre teníamos meriendas dulces, imaginense en la época navideña; el abuelo compraba turrones, orejones de manzana, pasas, mazapan y lo mejor de todo: hacía cantidades industriales de polvorones. Hacer los polvorones era todo un ritual, el abuelo empezaba tostando la harina en el horno y preparando cada ingrediente; compraba pliegos de papel de seda de todos los colores y una vez hecho los polvorones envolvía cada un en un colorido papel. Mi abuelo era muy exagerado y cuando les digo que hacía en cantidades industriales no exagero; pasabamos todo el mes comiendo polvorones y regalandolos a quienes nos visitaban. Son hermosos recuerdos.

Han pasado más de veinte años desde que el abuelo hizo polvorones por última vez y para esa ultima vez, ya el papel de seda era muy costoso y no los envolvimos; tampoco hicimos cantidades industriales, pero disfrutamos degustando ese postre que era tradición en casa. Después que el abuelo murió hicimos en dos ocasiones y ya hará más de diez años de eso; hoy me doy cuenta que debo encontrar la manera de volver a saborear ese pedacito de mi infancia.

¿Ustedes tienen dulces recuerdos de su infancia?

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¡Gracias por su lectura!


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Autor: Isauris

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